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julio 20, 2019
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Secuestro, asesinato, una prueba de ADN y un suicidio: la historia del crimen contra Sebastián y su giro inesperado

Escrito por Victor Reyes Parra / Información y material audiovisual por Noemy Mamani

Sebastián desapareció a mediados del 2017. Su cadáver fue hallado casi un mes después enterrado en un descampado. Había sido torturado antes de morir. Dos hombres fueron detenidos poco después por el crimen y hoy siguen en la cárcel.

El crimen conmocionó al Cusco. En el funeral, los padres, Juan Gárate y Claudia Vera, exigieron justicia. 18 meses después, la misma Justicia señala ahora a él como el hombre que ideó el crimen, hecho que su esposa –embarazada- niega entre lágrimas.

El secuestro

El caso comenzó la mañana del martes 21 de agosto de aquel año. Sebastián, de 13 años, salió de su casa en la urbanización El Huerto de Versalles, en el distrito cusqueño de San Jerónimo. Le esperaba un día de clases en el colegio Galileo Galilei, en el barrio de Wanchaq, a unos 20 minutos de su casa. En el camino, el menor se subió a un auto rojo, según captaron cámaras de seguridad. No volvió a ser visto con vida.

Ese mismo día, la madre recibió una llamada de un hombre que le exigió medio millón de soles por su hijo. Claudia puso la denuncia por secuestro y el caso fue reportado a la Fiscalía. Como parte de las investigaciones, la familia tuvo acceso a las cámaras de seguridad de la ciudad y logró identificar el carro que se llevó a Sebastián y a uno de los captores. Con esto se determinó a los sospechosos del rapto: los hermanos Wilfredo y Percy Peralta Jalire. El segundo de ellos era el tío político del niño.

Percy Peralta Jalire era el esposo de la hermana de Claudia, Luisa Lima Vera, quien trabajaba con los padres de Sebastián en la tienda de envases y autopartes en la casa de la familia. El Poder Judicial dictó la detención preliminar de los hermanos y la Policía estableció que fueron ellos los que contactaron a los padres de Sebastián entre el 27 y 30 agosto desde un teléfono fijo en Cerro Colorado, Arequipa.

Sin respuestas sobre el paradero de Sebastián –que cumplió sus 14 años en cautiverio- o de sus captores, el 5 de septiembre la Policía dispuso incluir a los prófugos hermanos en la lista de ‘Los más buscados’ del Ministerio del Interior. Se ofreció 30 mil soles por ambos. En paralelo, según alega hoy el abogado de los padres de Sebastián, ellos decidieron “investigar por su propia cuenta” el caso por una supuesta “falta de recursos” de la PNP y también ofrecieron una recompensa.

Torturado y asesinado

El domingo 17 de septiembre, la Policía acudió a un descampado en Urcos, en la provincia cusqueña de Quispicanchi, para una diligencia vinculada a una disputa de terrenos. Allí notaron a un grupo de perros que desenterró parte del cadáver de un niño. Todo indicaba que el cuerpo, hallado a orillas del río Vilcanota -aproximadamente a una hora en carro del lugar del secuestro-, era de Sebastián.

“No es mi hijo. Lo último que se pierde es la fe”, dijo ese mismo día Juan Gárate, el padre de Sebastián, tras ser informado sobre el hallazgo de un cadáver. “Estoy seguro de que no es. No es mi hijo, no es, mi corazón me dice que no es mi hijo. No es, no es”. Al día siguiente sin embargo, los padres acudieron a la morgue y la Fiscalía Provincial Penal del Cusco confirmó que el cuerpo era de Sebastián, quien había sido estrangulado y golpeado en la cabeza.

“El menor fue ahorcado pero además presenta golpes en la cabeza y cuello, se ha ejercido extremada violencia contra él”, dijo Rony Jibaja, fiscal a cargo del caso, según cita el diario Correo.

El miércoles 20, el cortejo fúnebre de Sebastián pasó por la sede de la Fiscalía y la Policía, cuyas labores fueron cuestionadas por la madre. “Me indigna que para el hijo del alcalde [de Occobamba, que había secuestrado por esa época] sí enviaron 90 policías, pero para mi hijo no hicieron nada, me lo entregaron muerto. Eso me duele: que haya tanta desigualdad”, dijo a RPP. El niño fue enterrado el cementerio de San Jerónimo, mientras los secuestradores seguían libres.

Confesiones

Luego del hallazgo del cadáver y el entierro, la Policía “intensificó la búsqueda” de los hermanos Peralta Jalire. Las investigaciones permitieron identificar llamadas de Wilfredo Peralta a familiares, que permitieron ubicarlo en la localidad de Secocha, distrito de Ocoña, en Camaná (Arequipa), donde se dedicaba a la minería informal.

Wilfredo Peralta Jalire fue arrestado, no sin resistencia, el 1 de noviembre cerca al terminal terrestre del lugar. El Ministerio del Interior destacó su detención como la número 700 lograda dentro del programa de ‘Los más buscados’. Tras ser trasladado al Cusco y ser interrogado por la Policía, confesó que participó en el secuestro, y pasó a cumplir nueve meses de prisión preventiva.

La detención de Percy, tío político de Sebastián, llegó dos semanas después. La policía lo arrestó la tarde del 15 de noviembre cuando caminaba por la plaza de armas de Huaypetue, provincia del Manu, en Madre de Dios. Fue trasladado al Cusco y también confesó el secuestro, pero negó haber matado a su sobrino. El asesino, según el secuestrador confeso, fue un expolicía.

El tercer hombre

Antes de que su hermano sea capturado e internado junto a él en el penal de Quencoro, Wilfredo Peralta implicó en el crimen a Jorge Charca Condorcahua, amigo suyo y excompañero en la universidad. De acuerdo con su versión, fueron ellos dos quienes secuestraron al niño, para lo que usaron el vehículo de color rojo, propiedad de su hermano Percy.

Contrastar esta versión con la de Jorge Charca era imposible: llevaba más de dos meses muerto.

La madrugada del 27 de agosto, seis días después del secuestro, el expolicía había dejado su casa en la localidad Tipón para ir a una fiesta patronal en la plaza de Tinta. Allí asesinó de cuatro balazos a su padre, Moisés Charca Hanco, dentro de un baño en una calle cercana. Doroteo Cusi Ccuno escuchó los disparos, se acercó al lugar e intentó detener al asesino, pero también fue baleado. Murió cuando era trasladado al centro de Salud de Combapata.

Jorge Charca no huyó lejos. La Policía lo encontró muerto dentro de su vehículo a las 5 a.m. en la avenida 28 de julio, la cual da directamente a la plaza del pueblo, donde se desarrollaba la fiesta patronal de San Bartolomé. Se había suicidado poco después de matar a su padre y a un testigo. De acuerdo con la Policía, habría cometido el parricidio porque se enteró de que padre tenía otra pareja.

Según Wilfredo Peralta, fue en la casa de Jorge Charca en Tipón, distrito de Oropesa, provincia de Quispicanchi (unos 40 minutos a sur de la ciudad de Cusco), donde Sebastián estuvo secuestrado antes de ser asesinado y desde donde su cadáver fue trasladado a la zona de Urcos en la que fue hallado semanas después. El asesinato del niño ocurrió, según dijo, días antes del suicidio del expolicía, a quien también acusó de haberlo amenazado para que no confiese.

Con las detenciones de Wilfredo y Percy Peralta, así como la adición al caso de Jorge Charca, el caso parecía cerrado. Pero la Policía y la Fiscalía presumían que habían más involucrados. “Como destaqué al inicio de investigación, no se trataba de un secuestro simple, sino que había más personas involucradas”, dijo esta semana el fiscal Rony Jibaja.

Este sábado, el representante del Ministerio Público logró que se dicte 18 meses de prisión preventiva contra Juan Gárate, a quien acusa de haber planificado el crimen.

“Hacer el trabajo”

El 18 de enero de este año, casi 18 meses después del secuestro, la Policía detuvo a Juan Gárate. Sobre él pesaba una orden de detención preliminar, dictada por el juez Reynaldo Ochoa a pedido del fiscal Rony Jibaja, por la presunta autoría mediata en el caso de Sebastián.

“La Fiscalía, producto de una investigación con apoyo de la Policía, ha recabado suficientes elementos de convicción que vinculan al imputado [Juan Garate] con la muerte” de Sebastián, dijo el fiscal este martes a RPP Noticias y otros medios de Cusco. “Hemos llegado a establecer, tenemos base suficiente que vincula al padre del menor como autor mediato de este crimen”.

“Uno de los hermanos [Peralta Jalire] refiere expresamente que el padre del menor le pidió hacer el trabajo y que ‘hacer el trabajo’ se refería al secuestro y muerte de su menor hijo”. ¿Por qué lo habría hecho? La tesis que maneja la Fiscalía es que lo hizo porque se enteró que Sebastián no era su hijo biológico.  “Esa es la razón. Él, aunque se abstiene a declarar, por información que manejamos, se sometió a una prueba de ADN que confirmó, además de la propia declaración de la madre, que Sebastián no era su hijo”, declaró el fiscal.

Esta prueba de ADN, según refirió, se la hizo meses antes del secuestro del menor. El fiscal también señala, en base a declaraciones de Luisa Lima Vera –hermana de su pareja y esposa de Percy Peralta-, que Gárate maltrató al niño tras enterarse de que no era el padre biológico. “Lo maltrataba física y psicológicamente, y lamentablemente tomó esta decisión, equivocada desde luego, que dio lugar a la muerte del menor”.

Sobre Luisa Lima Vera, el fiscal agregó que a ella “se le pretende vincular y responsabilizar” en el crimen, pero que fue ella quien logró identificar ante los autoridades el auto en el que Sebastián fue secuestrado y quien reconoció a Wilfredo Peralta, esposo de su hermana, como uno de los secuestradores. “A raíz de esta información se procede a pedir la ubicación y captura. Es así como, con el trabajo geo referencial, se  logró establecer el paradero de Wilfredo y su captura”. Sobre el interrogatorio Gárate, señaló que este se negó a declarar y a someterse a una pericia psiquiátrica.

Defensa del esposo

El fiscal Rony Jibaja cuestionó que la madre de Sebastián defienda a su esposo, por lo que solicitará que el Estado asuma la defensa legal del menor. “Hay una incompatibilidad. Ella no puede asumir la defensa a ciegas del marido, debería dejar que la Fiscalía y la Policía hagan su labor. Si resultara declarado culpable, ella tiene la obligación moral y legal de defender a su hijo”.

Jibaja también critica que la defensa legal de la familia haya pasado, con este giro en el caso, a defender a Juan Gárate. Un aspecto que critica en particular es que la defensa legal de Gárate está “requiriendo copias [de las investigaciones de la Fiscalía] como representantes de la víctima (Sebastián) y están siendo utilizadas como argumentos para ejercer la defensa del propio imputado”. Al respecto, el abogado de Gárate, Miguel Ángel Helguera Vargas, y la madre de Sebastián, Claudia Vera, cuestionan no haber podido acceder a la carpeta fiscal.

Uno de los argumentos de la Fiscalía son dos llamadas hechas desde el celular del padre a un teléfono vinculado a los secuestradores. Claudia Vera asegura que la primera fue hecha por su hermana, a quien solían prestar el celular al ser trabajadora de la tienda familiar, con la intención de implicar a su esposo.  Sobre la otra, del 14 de septiembre, el abogado dijo que se debió a la “investigación por su propia cuenta debido a la falta de recurso de la Policía. Recordarán que ellos ofrecieron su propia recompensa”.

El fiscal cuestiona esta versión.  “Él dice que se comunicó con este teléfono porque supuestamente su esposa habría recibido una comunicación de este mismo teléfono y que por recomendación del efectivo policial debió haberse comunicado. Sin embargo, lo curioso es que pese a la recomendación del policía, nunca le avisó de esta comunicación”.

El abogado de Gárate sostiene que se le implicó en el crimen por obra de Luisa Lima Vera ya que –aseguran-, surgió una enemistad con la pareja por haber sido despedida del negocio familiar y por haber impulsado la captura de los secuestradores, los hermanos Percy y Wilfredo Peralta. Ella y su esposo Percy “ambicionaban el tema económico de los señores”, declaró. También dice que la Fiscalía quiere presentar al padre como un hombre inescrupuloso y lleno de odio, lo cual ellos niegan.

La madre, que mostró a la prensa fotos de su esposo con el niño, asegura que su esposo siempre fue un padre cariñoso y generoso, e incluso que el menor prefería pasar tiempo con él que con ella. También rechaza la versión sobre la prueba de ADN. “A mí me dijo mi esposo desde el saque, ‘no me importa su ADN, no estoy interesado en eso, yo lo quiero así’. Me dijo que padre es el que cría, no el que engendra, siempre me ha dicho eso mi esposo”, declara Claudia Vera.

Prisión preventiva

“Al rompecabezas que arma el señor fiscal le faltan piezas. ¿Sobre esa falta de pruebas es que se ha logrado la detención preliminar de un ciudadano? Considero que ha habido un exceso”, cuestionó el abogado de Juan Gárate sobre la acusación. “Nuestra actuación es absolutamente objetiva (…)  Esperamos que esto nos permita, con los últimos actos de investigación, cerrar el caso y darlo por concluido habiendo determinado a sus autores materiales e intelectuales”, sostuvo el fiscal Rony Jibaja.

Ambas partes se enfrentaron este sábado en la audiencia de prisión preventiva contra Juan Gárate. Allí, la jueza Lisbeth Alegría Valencia, del cuarto Juzgado de investigación preparatoria de Cusco, le dio la razón a la Fiscalía y dictó esta medida por 18 meses en contra del padre de Sebastián, por ser el presunto autor intelectual del crimen. En su resolución, la juez advirtió que la Fiscalía sospecha de una persona implicada más y que llegar a ella “va a tomar un tiempo”.

“Soy inocente y voy a probar mi inocencia”, dijo Juan Gárate cuando era escoltado por la Policía a su salida de la audiencia. Sobre las llamadas incriminatorias, aseguró que la hermana de su pareja tenía “libre acceso” a su teléfono. “Ella trabajaba conmigo, era mi empleada”. También negó haberse hecho la prueba de ADN y ante la pregunta de quién estaba detrás de su implicación, respondió “pregúntenle a Luisa”.

Atribuyó haberse negado a pasar el examen psiquiátrico a que no tenía abogado y sobre si conocía a Jorge Charca, respondió que nunca lo había visto y denunció una supuesta “mano negra” en su caso. “Me están quitando tres hijas más, porque mi esposa está gestando”, aseguró antes de cruzar una reja dentro del juzgado y ser separado de la prensa por la Policía.


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